Donde hablo (mal) de A Rainy Day in New York, Woody Allen, 2019

 


Me gusta Woody Allen.
Me gusta mucho Woody Allen.
Creo que tiene un puñado de obras maestras y que es uno de los nombres fundamentales del cine americano del siglo XX. Love and Death (1975), Zelig (1983), Crimes and Misdemeanors (1988), Manhattan Murder Mistery (1993) o Cassandra's Dream (2007) son absolutas maravillas, pero A Rainy Day in New York es un puto horror. Lo peor que he visto de él. Un espanto mayúsculo en (casi) todos los sentidos. Un vómito insufrible. Un insulto al espectador. Un autoboicot. Una soberana mierda. 

Leo sorprendido buenas críticas, parabienes, felicitaciones y ante (otra) obra mediocre de Woody Allen. Se habla de "cinta prescindible absolutamente imprescindible", "divertimento", "obra menor, pero a la vez mayor" y otras chorradas y no lo entiendo. Como me ocurrió con The Irishman, ¿he visto otra copia? ¿He visto otra película con el mismo título? ¿O es el efecto nombre? El hecho de ver una película firmada por alguien que nos gusta y nos impide decir que es una mala película. Como que fotografía de Storaro es fea por mucho Storaro que sea. Y no pasa nada, en serio.

La película no funciona. Me resulta falsa y artificial desde los primeros compases. Es una desmesurada colección de clichés allienanos, de chistes repetidos, de ver otra vez lo que hemos visto una veintena de veces, de regresar al protagonista neurótico, a la tontita adorable, a los inseguros artistas, pero mal explicado y asistiendo impotentes como un señor de ochenta años escribe para unos protagonistas jóvenes sin tener ni idea de cómo son los jóvenes ahora mismo. ¿Referencias a Yasir Arafat? ¿En serio?

Encima tenemos a eso como protagonista, a ese tal Timothée Chamelet como protagonista componiendo un personaje odioso e insufrible quejoso, que pasea su patético lamento por la película buscando la simpatía y comprensión del espectador. ¿De verdad tenemos que sentir empatía por un pijo de clase alta con la vida solucionada que de forma sistemática se muestra terriblemente condescendiente con su pareja y al que se nota que la desprecia? ¿En serio? ¿Qué puto viaje de descubrimiento estamos haciendo? ¿Qué le gusta New York? ¿Qué se lleva mal con su mami? ¿Qué piensa que su novia es tonta y al final lo acepta y la deja tirada en medio de la ciudad? ¿Qué mierda me estás haciendo tragar Woody Allen? 

Pongo una foto de lejos del Chamelet porque así no tengo que verle la cara.

Si a lo largo de la filmografía de Allen nos hemos encontrado con este personaje una y otra vez, la ironía de la interpretación del propio Allen o de otros de sus actores (pienso en John Cusack o Will Ferrell) hacen que el espectador vea sus costuras, sus contradicciones o hipocreías. Y, claro, eso funciona. En cambio, la interpretación totalmente seria y exenta de sentido del humor de Chamelet lo intenta convertir en un modelo, en un héroe, en un ejemplo por el que sentir simpatía. Y no. Un personaje odioso que hunde la película cada vez que aparece. Y, atención que viene boutade, si el futuro del cine pasa por Timothée Chamelet este futuro no me interesa.

Además, el guión parece despreciar al personaje de Elle Fanning y lucha por presentarlo como alguien insoportable, superficial y una persona profundamente tonta. Pero, claro, es el personaje que despierta las simpatías. O, por lo menos, mis simpatías. ¿Y qué si una persona no conoce o confunde una cita de Shakespeare? ¿Y qué si no le gusta tanto New York? Es la típica confrontación del ombliguismo neoyorqués contra la América rural, pero si en otras películas estaba teñido de ironía, aquí no. Es desprecio puro y duro y chovinismo. El problema que se encuentra la película es que Elle Fanning es el puñetero rayo de sol de la película y sencillamente la devora. Ella es la única razón por la que A Rainy Day in New York merece la pena. Compone a la contra una especie de After hours (1985) en el mundillo artístico pese a la condescendencia y desprecio que guion, el director y personaje de su compañero de reparto. Si la película se hubiera olvidado del pijo llorica y se hubiera centrado en ella, de otra historia hablaríamos (y si obviamos el cameo de Rebecca Ferguson y su vergonzosa escena de discusión matrimonial con Jude Law). Eso sí, en algunos momentos, la ligera borrachera, por ejemplo, que sus gestos y ademanes parecen más una imitación de lo que hacía Diane Keaton en los setenta que una interpretación.


La película tiene un guion calcado a otros de Allen (recicla sin pudor situaciones y gags que ya salían en otras películas), la dirección es rutinaria, repetitiva y con piloto automático, los actores, a excepción de Elle Fanning, parece ir perdidos. En la película abundan las escenas de sonrojo (¿una escena de "cielos, mi mujer"? ¿una risa fea para romper una relación? ¿esa escena final horrorosa?) y toda ella acaba siendo un producto endogámico y autocomplaciente que no da nada nuevo, no quiere dar nada nuevo y se sitúa fuera del tiempo y del espacio sin un ápice de gracia.

A Rainy Day in New York es una película vieja, anticuada, rancia y nostálgica en el peor sentido de cada una de esas palabras.

Y ya está. Le he dedicado demasiado tiempo a esta tontería. Si he sonado cabreado durante toda la reseña es porque lo estoy.

Parafraseando al Doctor Insermini, sr. Allen, déjese de estas chorradas y haga otra Cassandra's Dream.

PS. Las imágenes que acompañan la entrada están sacadas de los vastos universos de internet. Con películas que no me han gustado no pierdo el tiempo haciendo capturas.

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