Licorice pizza, Paul Thomas Anderson, 2021
Hay películas que sin saber por qué tocan ciertos resortes de tu ánimo, pulsan determinadas teclas y se abren a ti haciéndose necesarias e imprescindibles para explicarte y explicar quien eres en estos momentos. Frase estúpida y algo pedante, lo sé, pero ahora mismo no sé decirlo de otra forma. Cada vez me cuesta más encontrar películas como ésa; que me gusten hay muchas, que me emocionen, cada vez menos, pero las hay. Que me sacudan y eleven y hundan al mismo tiempo, muy pocas. Y en el cine contemporáneo, menos. La desconexión tan brutal y violenta que siento con el cine que se produce hoy en día hace que prácticamente nada de los que se estrena, sea en plataformas, sea en el cine, me interese, conmueva o motive. Culpa mía, lo sé. Me estoy haciendo viejo y, con seguridad, no sé mirar dónde correspondería. Por suerte, la semana pasada encontré una de esas películas. ¿Por qué? ¿Qué tiene la última película de Paul Thomas Anderson para afectarme de esta manera? ¿Para considerarla desde y...