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Mostrando las entradas etiquetadas como Cristina Galbó

Cosa avete fatto a Solange?, Massimo Dallamano, 1972

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  Tiene un color precioso gracias a una excelente fotografía de Joe d'Amato. Es perversa y ambigua. Los personajes caen mal. Tiene una atmosfera malsana y enrarecida. Sacude las culebras y sapos que esconde la alta burguesía y sus hipocresías. Es bonita y elegante y, a la vez, vulgar, chabacana y abraza sin rubor la explotación de la violencia, el sexo y los desnudos para llenar las salas del cine. Hasta este 2020 no había visto nada de Massimo Dallamano y este año he podido ver a Solange, a Dorian Gray y al asesino de la moto y se convierte en uno de los nombres fundamentales de lo que he visto este año. Y, además, sale Cristina Galbó.

Especial Belleza. Mi contribución fuera de podcast y de tiempo a Vigilante

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Una de las peores cosas que llevo cuando escucho el podcast de Vigilante  (que si no escucháis, por favor, haceros el regalo y poneos con sus programas; a partir de ese días veréis el cine de otra forma) es no poder intervenir. Están comentando películas, lanzando ideas, buscando las aristas a algún tema y sientes crecer dentro de ti la intervención, el matiz, el dato, otro punto de vista, otra películas que podría reforzar o refutar lo que están diciendo, pero, claro, no puedes intervenir. O sí, pero le estarás hablando al armario de la cocina o, con suerte, al gato que te mirara con esa actitud de "¡y qué mierdas sabrás tu de cine!". Su último programa es un Especial Belleza donde se plantean mucho temas en torno a un concepto tan abstracto como el de Belleza. Instagram, la belleza extrema convertida en monstruo, el hastío que puede provocar esa belleza, conceptos que pueden y no mezclarse como belleza y deseo, etc. Se disparan muchas películas, muchos actores, alguna actri...

Olvida los tambores, Rafael Gil, 1975

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Olvida los tambores es bastante aburida. Tiene una buena, aunque algo monótona fotografía, un puñado de buenos actores y un texto interesante que en ocasiones peca de artificial. El problema es que no estoy seguro que la elección de un director como Rafael Gil fuera la mejor opción; un director con un puñado de buenas películas, pero terriblemente irregular en su larga filmografía (¿y qué director de cine español no lo es?). Creo que el texto de Ana Diosdado y su retrato de jóvenes músicos en la agonía franquista necesitaba un director más joven en estilo, más arriesgado y fresco; que lo acercada a un tardío free cinema que a plano general, plano medio, plano corto. Pero en el plano estético, oh amigos, qué maravilla. Una dirección aburrida se sublima por los anillos, los cuadros, el vestuario, los colores, Cristina Galbó poniendo margarina en pan de molde y muchísimos detalles que me mantuvieron enganchasísimo.