Películas como que no I

Veo pocas malas películas y veo pocas películas que no me gustan.Cuando me decido por algo ya imagino que me gustará / interesará / ententendrá. Además, soy de fácil contentar y sé qué puedo pedirle a una película y a otra; lo de siempre, no se le pide lo mismo ni se ve de la misma forma una de Tarkovski que una de Ozores sin desprecio a ninguno de esos directores.

Pero de vez en cuando te topas con algo que no te gusta y pasan cosas. Desconcierto, irritación, aburrimiento, molestía... y hoy quería hablar de cuatro de esas películas que por un motivo u otro, como que no.

Nota: las imágenes que acompaña esta entrada están tomadas de los procelosos mares de internet; no he hecho captura directa de ninguna de ellas. Me daba una pereza enorme volver a revisitar un terreno agreste y aburrido.

Zazie dans le metro, Louis Malle, 1960

En principio esta película tenía todos los elementos para que me gustara. Comedia, Louis Malle, origen en una novela de Queneau, fugas continúas al humor absurdo francés, etc. Lo que me encontré no lo pude terminar. Vi una comedia sin gracia, una cinta que se ha quedado como un producto de una época y que ahora se ve acartonado, viejo, caduco y, indudablemente, se cree mucho más graciosa de lo que en verdad es.


Zazie va a París y quiere viajar en metro, pero el metro está cerrado y vive un montón de aventuras con su tío y un puñado de excéntricos personajes. No funciona. Quizá en 1960 su comicidad funcionaba. O no, o era una de esas películas que todos decían que funcionaba porque era lo que había que decir o te pegaban a la salida de los cines. (¿no pasa esto con varios títulos de la Nouvelle Vague?). Y toda su ruptura e innovación del lenguaje cinematográfico, el montaje frenético, la banda sonora, la mezcla de texturas... sí, en su momento, vale, pero vista ahora percibo las costuras, los trucos y el artificio. Para mí, no funciona. Como no funciona un humor basado en continúas, largas, extenuantes y aburridísimas persecuciones rodadas a cámara rápida en homenaje al cine mudo. ¿Funcionó entonces? De Zazie solo he oído cosas buenas, ya sabéis, esas críticas llenas de palabas como joya, tesoro, gema, culto, pequeña obra maestra, etc.


Seguramente, el problema es mío. Que remita tanto al cine de Jacques Tati (el barrio, los tipos normales, el absurdo narrativo y visual, etc.) es un problema porque su cine me aburre horrores (intento cada dos años ver una película de Tati, pero de ninguna forma consigo conectar con su humor ni su cine) y que recuerde tanto a Amélie es otro porque esa es una película que me irrita bastante. Pese a lo mucho que me susta el caos y el absurdo, aquí no funciona. Es demasiado. Continuamente. En todo momento. Avasallando al espectador y dejándolo exhausto. Y aburrido.
Ese es el problema.
El aburrimiento.

Booksmart, Olicia Wilde, 2019

¿No os ha pasado nunca que os da la sensación que habéis visto una copia equivocada de una película? Parece que todo el mundo habla maravillas de una cinta y cuando la ves te encuentras con algo que casi no consigue llegar a medianía y no ves todas esas virtudes que gente de la que te fías y compartes criterios hablan. Me pasó con la última de Scorsese y me ha pasado con esta Booksmart donde se habla de diversión, ternura, absurdo, originalidad y yo veo la comedia estudiantil de siempre con los recursos conocidos, la estructura más básica y que se salva por la naturalidad y química de las dos protagonistas. ¿La mejor comedia del año? ¿Frescura y renovación?


¿Me ha pillado viejo la película? ¿El confinamiento me ha dejado sin sentido del humor? ¿El ver tan poco cine del siglo XXI me está pasando factura y estoy perdiendo los nuevos referentes en el lenguaje cinematográfico? ¿Me estoy quedando atrás?

Porque, a ver, sí, tiene momentos graciosos como el coche del desconocido, pero en general todo esto ya lo he visto. No solo en Superbad, si no en The Office, en el cine de Will Ferrell (¡no somos dignos!), las películas de Judd Apatow (que más mal que bien han hecho), el SNL y otros etcéteras. No veo nada nuevo ni lo viejo, mejor presentado. Quizá la vi en mal momento o, lo dicho, vi una copia equivocada de la película porque, de verdad, no entiendo los parabienes cuando desde los gags hasta su último y melancólico sentido ya se ha explicado en otras partes, y, en ocasiones, de la misma forma. 

Sí, es graciosa, pero no es tan graciosa.

The dead don't die, Jim Jarmusch, 2019

Jim Jarmusch y yo no nos entendemos.
Es uno de esos directores con los que no consigo establecer ningún puente y acaba siempre expulsándome de sus películas. Desde sus primeras a las últimas; comedias, dramas, westerns o lo que sea, intento entrar en su universo, pero acaba cerrando la puerta y asisto a un desfile de imágenes por las que no puedo sentir absolutamente nada. Ni siquiera hastío o irritación.

Con The dead don't die me ha pasado exactamente lo mismo que con cualquier película de Jarmusch que he intentado ver. No le pillo el chiste. Y, a priori, es un chiste que debería entender. Zombis, comedia, destrucción y deconstrucción de un género y de unos actores atrapados en sus personajes y en la visión que tienen ellos de sí mismos y los espectadores de ellos (gracias por el apunte, La nevera de la señora Baker), personajes conscientes de ser meros productos de ficción, Carol Kane y Tom Waits, etc.

Te amo.

Pero me expulsa de la fiesta. Es una película que me parece hecha con sus amigos y para sus amigos y miramos mal y murmuramos de los nuevos. La sensación que tuve mientras la veía era como esos momentos incómodos que conoces a amigos de amigos o al grupo de tu nueva pareja y empiezan con los chistes y los recuerdos compartidos y tu amigo o tu novia, en vez de echarte un capote y ayudarte a integrarte, te mira con desprecio por no reírte con la anécdota de las fajitas y la langosta. Y sabes que la amistad o relación no durará y ante ti ves una secta y que nunca, por mucho que te esfuerces, pertenecerás a ellos ni te dejarán entrar. Y, encima, la culpa es tuya.

¿Qué me intenta explicar? ¿Una nueva reflexión sobre una sociedad consumista y muerta? Llega unos años tarde, pero bueno. ¿Una sátira sobre el cine de género? Quizá, aunque tengo la horrible sensación que Jarmusch se sitúa por encima del género y lo contempla con condescencia, como si él fuera mejor que toda esa mierda de los muertos. ¿Una anticomedia? Hasta las anticomedias son graciosas. Aquí no funciona nada. Ningún gag. Nada. No puedes tener en una película a Carol Kane, Steve Buscemi, Rosie Perez y Tom Waits y ser jodidamente aburrido.

En algún sitio he leído que ésta era la intención última de Jarmusch, hacer una comedia que no fuera graciosa y que fuera aburrida para evidenciar todo eso de la apatía de la sociedad contemporánea. Creo que no. Creo que no es graciosa porque Jarmusch ha sido incapaz de hacer una comedia. O no tenía interés. O solo quería tener cerca a sus amigos, hacer barbacoas, hablar de cine, concurso de pedos y, en medio, rodar un algo que pareciera una película.

A veces, por mucho nombre que tengas haces una mala película. Que se lo digan a Billy Wilder que tiene unas pocas.


The hitman's Bodyguard, Patrick Hughes, 2017

Ver a Samuel L. Jackson haciendo de Samuel L. Jackson encantado de haber conocido a Samuel L. Jackson es lo más insoportable que he visto en mucho, mucho, mucho tiempo.

Y no pienso perder más tiempo hablando de esta película.

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