Una vela para el diablo, Eugenio Martín, 1973


Poder ver esta película ha sido una larga y tortuosa peregrinación.
Como imaginaba, no está en ninguna plataforma a la que yo tenga acceso. Busqué para comprarla, pero no encontré ninguna edición (mentira, una italiana restaurada y en 4k y con una pinta buenísima, pero sin pistas de subtítulos u audio). Páginas de descarga, imposible. Se eternizaban y nunca llegaban a nada. Al final encontré una copia bastante infecta en youtube y por allí pudimos ver esta joya del terror español.

(Nota al margen. Qué jodidamente difícil es encontrar buenas copias o un lugar para ver cine de terror español de los sesenta y setenta; todo aquella "edad de oro" del fantástico patrio y que tan maltratado está en nuestros lares, pero que tanta aceptación tiene fuera de las fronteras. En serio, cuidemos lo nuestro, leñe.)


Dos hermanas, las estupendísimas Aurora Bautista y Esperanza Roy, regentan una pensión que acoge a turistas que visitan el pueblo. Un día, por un pa qué te quitas el bikini so guarra, matan a una turista. Mientras una ve en eso un accidente, la otra ve la mano de Dios que quiere castigar a tanta turista despendolada que va enseñando carne que no debería ser vista y calentando a los hombres. Y uno sabe cuándo empieza una misión divina, pero no cuando acaba. La llegada de la hermana de la víctima hará que los acontecimientos se precipiten.

Del año 1973. El franquismo agonizaba. España vivía en una eterna contradicción y la película se nutre de ello y se erige como crítica. Esa España que necesita el turismo, la apertura y la modernización no solo de la ciudades, si no también del campo, y a la vez la cerrazón, puritanismo y, sobre todo, la hipocresía.


Eugenio Martín se aleja de los ambientes góticos y hammerianos de su anterior película, la estupenda Pánico en el Transiberiano, para construir una historia de terror puramente española y anclada en la crónica negra y el asesinato por calentón. El ambiente de pueblo, los crucifijos en la paredes, las manos manchadas de la sangre de la matanza de los animales, el sol, las calles vacías... aunque hacía su tramo final hay unas escenas que parecen remitir lo gótico, veo más una puesta al día de los cuentos de aparecidos y fantasmas de Becquer, por ejemplo; esos camisones blancos a la luz de la luna.

Dos escenas.
Aurora Bautista castigándose corriendo por unos zarzales después de estar espiando a unos adolescentes bañándose en el río


y el ascenso por las escaleras de la misma Aurora Bautista con el camisón roto, manchado de sangre y con un enorme cuchillo en la mano porque está segura de que la de arriba ha oído algo (ese algo es un asesinato, claro).


La película es una rareza, una joya que fue maltratada por la censura y necesita sí o sí una buena edición con los dos minutos que se quitaron (y que se han recuperado) y una restauración. Una pieza clave del terror patrio repleta de momentos, temas, imágenes y cine puro. ¿Irregular, imperfecta y a veces tosca? Ojalá más cine así.


Cine perfecto para el verano.

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