Crónica de (otro) Sant Jordi, primero normal de la era Post-Covid

Los que me leen desde hace años saben que una de las pocas tradiciones que sigo es la de hacer una pequeña crónica de cómo ha ido Sant Jordi. Para lo que no lo sepan, trabajo (y, para mi condena, soy) librero y cada abril, cual Átila cruzando los Alpes hasta las cejas de setas alucinógenas, llega el día de Sant Jordi con sus rosas, sus paradas de libros en la calle, su descuento, sus listas de libros mediocres más vendidos, sus libreros quejosos, autores que solo buscan que alguien les hagan mimitos, colas interminables y toneladas de cansando. Vamos, un buen día. Todos los preparativos no, pero el día en sí, es realmente bonito. Si queréis leer las anteriores las podéis encontrar repartidas entre dos de mis abandonados blogs, pero siempre con posibilidades de resucitar si la pereza, esa amante cruel, me libera de sus tentáculos. Aquí y aquí . Este Sant Jordi era especial. El año anterior no pudo celebrarse por aquello de estar en casa encerrados por un virus (¿os suena?) y en julio s...