Cine de vampiras. Primera parte

Lo sabemos todos. Los buenos propósitos los carga el diablo y tienen como final quedarse arrinconados mirándonos con pena mientras vemos otra vez ese capítulo del programa de repostería que no nos gustó nada. Pero nos gusta engañarnos y vamos poniendo un propósito tras otro imaginando que sí, que venga, que esta vez sí que lo cumplo y escribo esa novela, compongo algo, paseo más, veré por fin esa serie de El pájaro espino de la que hace tanto que oigo hablar, voy al gimnasio, aprendo klingon o me ducho más. Hace unos días me propuse volver a escribir. Por motivos varios, hacía años que no me sentaba a escribir con ganas, en serio y con un propósito definido. Fue horrible. Estaba oxidado. Había olvidado qué era eso de juntar una letra tras otra y que tuviera algún sentido. Así que frustrado dejé a un lado esa novela de humor y fantasía juvenil que estaba llamada a revolucionar el género y hacerlo entrar en otra dimensión y profundidad, y dirigí mi vista este pequeño y olvidado rincón de...